Aun reverdea una malva

No suelo escribir sobre mis cosas, me gusta el anonimato y contar historias raras; además, creo que me da un poco de miedo. La ficción es fácil, basta con fantasear. Escribir sobre la realidad es otra cosa. Cuando nos atrevemos a plasmar nuestras vivencias sobre el papel, no podemos pretender que nuestra parcial visión de…

La alondra del Atlas

‎ A Dumas, mi querida amiga. Si en otra vida eres humana yo quiero ser tu bestia.     I La herradura yacía semienterrada. Dudé un momento, sin atreverme siquiera a tocarla, hacía tantos días que no veíamos signo alguno de presencia humana que aquel trozo de hierro, toscamente trabajado pero ajeno a la geología,…

Cosas de camellos

–¿Qué te pasa en la espalda? –preguntó el guanaco intentando hacer amigos–. ¿Duele? El dromedario lo miró con desprecio. –¿De dónde sales tú, enano? –Yo soy el Inca, ancestro de la llama y de la alpaca, Señor del Altiplano –contestó el guanaco orgulloso de su extirpe–. ¿Y tú, quién eres tú? –¿Altiplano? Eso explica tu…

Puertas adentro

Ella se enamoró incondicionalmente, sobre el hongo  pesaba la inanición, pero desde el primer momento se le derritieron las hifas por ella. No podía creerlo, se había enamorado como un tonto de un alga unicelular. Se conocieron de forma casual, inesperada, fortuita, pero la química entre ellos funcionó desde el primer momento, les bastó un…

Vente conmigo, cabrita, vente a la Tierra Prometida

Los dos cabritillos, que apenas levantaban dos palmos del suelo, se alinearon, recularon y, alzando sus cuartos delanteros, chocaron sus cabezas intentando en vano hacer sonar sus diminutos cuernos. La cómica escena divertía a toda la familia, los jóvenes se lo pasaban en grande animando y azuzando a sus hermanos pequeños mientras sus madres no…

La extinción del Perezoso

La tercera vez que los rayos del sol le despertaron tuvo la peregrina idea de buscar refugio en el follaje, pero sonriendo por la ocurrencia se durmió. Boca arriba, bien sujeto con sus cuatro patas y con la cabeza colgando, lo encontró la luna. Abrió lentamente un ojo y casi se lastima el párpado. Enfadado…

La liebre y la tortuga -segunda parte-

El pequeño mochuelo, que dormitaba en su encina favorita, casi se cae de la percha del susto que se llevó. Intuyó más que vio a la liebre. Aunque giró la cabeza tan rápidamente que casi se marea, solo alcanzó a verla de refilón, cuando ya tomaba la curva. Un rosario de pequeñas nubecillas de polvo…

Micaria sp.

Se sabía el más miserable de los seres. Viviendo en las sombras, siempre escondida, siempre sola, siempre callada. ¿Y para qué? Para matar. Para matar no en noble lucha como sus hermanas siempre valientes, sino en acto ruin y cobarde. ¡Mataba niños! ¡¡Bebés!! Sus propios hermanos, se avergonzaba reconocer. Los raptaba sigilosa, los llevaba a…

Hermafrodita

No cruzaron palabra el resto de la noche. A media mañana la cálida neblina aún persistía y una irresistible sensación de humedad lo impregnaba todo. Con deleite, saboreando el momento, tan lentamente que semejaba cautela, el caracol sacó los cuernos al sol. El vecindario bullía de actividad, cientos de caracoles se despertaban resacosos de la…

¿Qué hay para comer?

Harto de cigarrones y bichejos, el ocelado lagarto salió de su guarida decidido a darse por una vez un festín de huevos y polluelos. El zorro buscaba algo caliente pero el hambre le había enseñado a  no dejar pasar una comida fácil. –Otra vez pellejos. ¿Qué, que no hay otra cosa? –protestaron sus cachorros–. Queremos…