Massai

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La noche, cálida y púrpura, africana, evocó a la caprichosa silueta recortada en el horizonte el recuerdo de aquélla otra, en la que a dos metros del suelo, vino al mundo.

La caída fue brutal. Poco a poco recobró el conocimiento y fue entonces cuando, aun confundido, tomó conciencia de su grotesco cuerpo. Reticulados cardenales cubrían toda su piel. Las patas, muy, muy largas, frágiles y delicadas, tenían las rodillas dislocadas de tal forma que no sabía qué pezuña era de cada pata. Pero lo peor era la cabeza, bueno, no la cabeza (todavía no se había visto los cuernos) sino lo lejos que estaba del cuerpo. El cuello era aún más largo que las patas y no paraba de balancearse en todas direcciones como un incontrolado muelle loco.

Ponerse en pie parecía una tarea imposible y sólo el hambre lo consiguió. Tubo que estirarse cuan largo era para poder alcanzar las mamas de su madre.

Resignado, durante un tiempo estuvo convencido de que la razón de ser de su inverosímil cuello y sus largas patas era la de permitirle alcanzar las tetas de su madre, mientras que a ella, le permitían alcanzar las sabrosas acacias, pero un buen día mamá decidió que ya no se mamaba más y que había llegado el momento de probar las acacias.

Siempre había creído que las acacias eran un manjar exquisito, una ambrosía, un bocado digno de un sibarita que sólo se encontraba al alcance de las jirafas. En el primer intento se clavó dos espinas en los labios y una en la lengua, y una hormiga psicópata le mordió el párpado. Cuando por fin, después de mucho perseverar, rebuscando encontró un tierno brote con no demasiadas espinas –seguramente porque ya se las abría traído clavadas en los anteriores intentos–, su sabor le pareció repugnante, como a veneno. Con asco levanto los labios dejando caer aquella cosa al suelo y, limpiándose la boca con unos escupitajos, juró no volver a probar semejante vomitivo.

Sus teorías sobre la alimentación se vinieron estrepitosamente abajo. Los dolores de barriga y el estreñimiento son crónicos en las jirafas.

El suelo estaba cubierto de hierba fresca y jugosas matas de la que daban buena cuenta numerosos animales, pero a las que las jirafas no podían acceder. En contrapartida las jirafas tenían el monopolio de las altas acacias, con sus espinas, sus sanguinarias hormigas y sus venenos, taninos volátiles que delataban su presencia a otras acacias y que sabían a rayos.

Y además, había que rumiar.

Evolucionista convencido, sabia que debía haber una razón que explicase su peculiar morfología, y en su caso particular, dadas las circunstancias, debía de ser una razón especialmente poderosa.

Decidido a encontrar qué ventaja o qué misterioso provecho motivó a sus ancestros a evolucionar de tan extravagante forma, había dedicado muchas horas a la observación y al estudio del comportamiento de sus congéneres  intentando descubrir el esquivo misterio.

Beber era una odisea. Había que ponerse despatarrado de forma tan indecorosa para poder llegar al agua, que temía uno no fuera a llegar un ñu cachondo y …

Los picores te atormentaban, no podías lavarte, ni tomar baños de polvo, no te podías poner a la sombra, ni acicalarte los pelos. Las peleas eran penosos espectáculos en las que ganaba el macho menos avergonzado.

Quizás la selección natural no fuera mas que un bulo, una herejía, y que, en verdad, la jirafa estaba hecha a imagen y semejanza de Dios, Todopoderoso.

El viento es un suplicio; los charcos, traicioneros; las hernias cervicales, la tortícolis, no tenias intimidad, hacer el amor…, por lo que había visto no se hacia muchas ilusiones. De todas formas pronto lo sabría, ya que hoy, El Gran Massai, con sus grandes ojos vidriosos por el colocón de taninos y la boca tan seca que no podía ni hablar, sería el primero de la sabana en ver amanecer.

Agradecería, para estudio personal sobre el comportamiento de mis congéneres, que el lector rellenase la siguiente encuesta y enviase la respuesta a mis señas.

¿Cual es, a su parecer, la poderosa razón de la existencia de la jirafa?

     A.-   Hacer el amor.

     B.-   El colocón de taninos.

     C.-   Ser el primero de la Sabana en ver amanecer.

    D.-   Dios Todopoderoso

     E.-   Debe de haber una poderosa razón para la existencia del autor.