No me toque los huevos, mi general.

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 0 Flares ×

–Señor, el Águila, Señor.

–Nuestro abanderado. Es la fuerza y la potencia, capaz de operar en  aire, tierra y mar. Vuela tan alto que es invisible desde el suelo, suelo en él que puede distinguir un guisante; tal es su vista. Ningún enemigo le mira a los ojos; tal es su mirada.

–Señor, el Halcón, Señor.

–He aquí la velocidad. Cerniéndose ante el sol localiza el objetivo, pica el aire como un rayo y mata. Rápido y eficaz, un trabajo limpio.

–Señor, la Golondrina, Señor.

–Un acróbata del aire. Sus vuelos rasantes, sus inverosímiles giros y piruetas, son tan útiles para una incursión sorpresa como para levantar el ánimo de la tropa.

 

–Señor, la Lechuza, Señor.

–Blanca como la luna, la noche es el día para ella. Un fantasma silencioso que todo lo oye, la muerte incorpórea que todo lo ve. Un lujazo.

–Señor, el Colibrí, Señor.

–Tecnología punta. Más de ochenta batidas por segundo, parada perfecta, vuelo lateral, vertical y horizontal, ideal para distancias cortas, y todo, cabe en un bolsillo.

–Señor, el Ganso, Señor.

–Escuadrilla en perfecta formación. Sistema GPS. Larga distancia de alcance bajo cualquier condición.

 

–Señor, el Charrán ártico, Señor.

–Transoceánicos, vuelo sin escalas a escala planetaria. Nadie llega tan lejos.

–Señor, el Pelícano, Señor.

–Transporte anfibio de gran capacidad. Carga frontal. Resistente, fiable y duradero.

–Señor, el…….,

–¡¡Basta!! Se puede saber de qué puñetas está hablando López.

–Bueno…, el Cormorán, puede sumergirse a cien metros, el Vencejo reposta en vuelo y permanece indefinidamente en el aire, la Abubilla posee armas químicas, el Perdigón…

–¿El Perdigón? ¡¿El Perdigón?! ¡Silencio! ¡Tú y tus pajarracos no sois más que unos indeseables, una banda de maleantes y un peligro para la Aviación!

–Y además unos piojosos que nos pegan los virus. –añadió el oficial medico.

–Mal agüero, mal agüero –se persignó el páter.

–Ya sabéis que hacer, muchachos –ordenó a los marines, pavoneando medallas, el general– y tú, naturalista capullo, deja ya la hierba y disécame el colibrí.

–Alondra, toca retirada. Loro, nos vamos.

–Señor, si señor.